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Cuban architecture

Mis anécdotas en Jardines de la Reina

Eduardo 300x197 Mis anécdotas en Jardines de la Reina

Escrito por Eduardo Admetlla.


Amigos míos ¡No me lo puedo creer!

A los ochenta y seis años, (y medio) y después de sesenta y dos años de inmersiones por este mundo (1948- 2010), acabo de realizar las mejores y más emocionantes inmersiones de mi vida en un lugar privilegiado considerado el mejor centro de buceo del mar Caribe en Cuba.

¡Se trata de “Los Jardines de la Reina”! Allá, por el año 1500… (Yo no estaba presente… soy, veterano que no viejo,.. ¡Pero no tanto!), Cristóbal Colon en su segundo viaje al Nuevo Mundo descubrió un archipiélago a unas sesenta millas mar adentro al sur de Cuba, formado por unos 250 islotes de manglares dando origen a un complejo y maravilloso laberinto de matorrales, dunas de arena y, sobre todo, como ya he dicho, de manglares, estos valientes arbustos que con sus raíces aéreas se fijan en el substrato marino defendiendo su recién conquistado territorio a “trancas y barrancas”, es decir contra los temporales, tormentas y mareas tropicales dando lugar, en el curso de centenares o millares de años a este magnífico Parque Nacional de “Los Jardines de la Reina”, porqué esto es precisamente lo que comentó Cristóbal Colon cuando lo descubrió: Este paraje es un jardín digno de la reina, refiriéndose concretamente a la Reina Isabel la Católica.

¿Y qué hace un veterano submarinista como yo en un paraíso como este? Os lo cuento con “pelos y señales” porqué lo cortés no quita lo valiente. Estoy aquí como invitado especial de AVALON, organización que controla el Centro de Buceo del Parque Nacional de “Los Jardines de la Reina”, y de su representante en España el conocidísimo fotógrafo submarino Carlos Suárez de Canarias, para dar a conocer este sin par enclave y disfrutar de sus magníficas instalaciones para la práctica de nuestra apasionante afición: La inmersión submarina; y por si esto fuera poco emocionante, formando equipo con la plana mayor de la revista BUCEADORES, con su valiente y encantadora directora-general Ingrid Riera y su fuera de serie director de arte Jordi Chias especialista en fotografía digital, experto en la materia. Perdonadme amigos,pero después de esta breve introducción no puedo esperar más… ¡Me voy al agua!

1ª Inmersión, en “los Jardines de la Reina”: Son las cinco de la tarde poco después de nuestra llegada del día 21 de Mayo del 2010 ( ¡Fecha importante para mí!). Punto de buceo llamado “La cueva del Pulpo” el pulpo en cuestión había salido pero… ¡GUAU!…. Desde la superficie y sobre un fondo de unos veinte metros, más o menos divisé, en cuanto puse la cabeza bajo el agua, un grupo de unos diez o doce tiburones de los llamados “cabeza dura”, que son en realidad los típicos tiburones de arrecife o tiburones grises, de unos 2´5 a 3 metros de longitud, paseándose tranquilamente por un fondo tapizado de hermosos corales.

Con un agua de una transparencia increíble la visión era emocionante en grado sumo. ¡Menudo comienzo! El grupo formado por Ingrid, Jordi, Eduardo, Noel (Guía y “dive master” del centro) y Gualberto, (Guía e instructor tres estrellas de la CMAS). Nota importante: Noel tenía el especial encargo de cuidarse del “abuelo”(c´est moi), y para mi resultó ser el guarda espaldas ideal. ¡Mejor que Kevin Costner!

Gualberto bajó rápido y escondió entre los corales del fondo una bolsa llena de comida, es decir de peces troceados, para crear un estímulo olfativo que atrajera a los tiburones de los alrededores ..(¡Como si hiciera falta!)…. Al cabo de pocos minutos la docena de tiburones se habían convertido en más de veinte, que con rapidez y elegantes pasadas rastreaban la zona en busca del cebo escondido y a la vez nos hacían pasadas rasantes a los visitantes, a menos de un metro de distancia e incluso en alguna ocasión, nos rozaban suavemente, en su afán de detectar si éramos o no comestibles. Menos mal que el neoprene no les atrae especialmente, aunque sea Cressi.

Aunque tengo cierta experiencia con avistamiento de tiburones, en la isla de Mafia en el Indico, en el mar Rojo, en las Seychelles e incluso en las islas Canarias….joder!.. Perdón, quiero decir,.. ostia!…. tampoco es de recibo, vamos a dejarlo en ¡Caramba! Que es una expresión “light” pero sirve. Decía que, “aunque tengo cierta experiencia con tiburones”…nunca había experimentado la emoción de encontrarme en una “melée” con tantos y tan estimulante proximidad. Debo de aclarar que, sin embargo, nunca experimenté temor o sensación de peligro. Evidentemente la experiencia de los guías que nos acompañaban era una garantía de conocimiento de las reacciones de estos “animalitos”.

Ver la estilizada simetría del cuerpo de los escualos dirigiéndose a buen ritmo directamente hacía mí, mirándome fijamente con sus inquisitivos ojos desprovistos de parpados, despertaba en mi un cierto respeto y admiración por la perfección de su anatomía y sus elegantes movimientos.

Sin embargo la recomendación de Noel de mantener los brazos inmóviles pegados al pecho sin hacer movimientos ni gesticular con las manos ante su extrema proximidad,era un toque de atención para no bajar la guardia.A la hora de la descompresión, los tiburones que nos habían hecho la demostración en el fondo con  su emocionante exhibición en busca del cebo escondido entre los corales y sus espectaculares y rasantes pasadas junto a nosotros, se habían situado estratégicamente debajo de nuestra lancha montando guardia en espera de que después de la descompresión nos decidiéramos a regresar a la superficie.

Por nuestra parte el grupo formado por Ingrid Riera, Jordi  y los guías Noel y Gualberto y, claro está, el veterano del grupo, es decir, yo, nos dirigimos a recorrer los maravillosos fondos caribeños para calmar los nervios del “shark feeding” y del “shark frenzy” (perdonadme el uso de anglicismos pero así están aceptados por los centros de buceo) y visitar las magníficas formaciones de corales que, solo a una profundidad de más o menos 15 mts. destacaban por su riqueza en colorido y gran tamaño. Especialmente algunos ejemplares de esponjas eran realmente excepcionales.

Aunque habíamos dejado atrás la concentración de tiburones siempre teníamos siguiendo nuestros pasos, tres o cuatro escualos de la especie caribes o “cabeza dura” que nos escoltaban con una persistencia encomiable obsequiándonos con ceremoniosas pasadas para mantener la emoción,cosa que sin duda conseguían.

Mi compañero Noel, provisto con una magnifica cámara fotográfica va sacando planos y más planos de mis evoluciones, lo cual no puedo negar que me encanta, porqué sé que su intención es obsequiarme, en nombre de AVALON, con las fotografías obtenidas como un imborrable recuerdo de mi estancia en Los Jardines de la Reina, y así, cuando sea mayor, poder deleitarme  con el recuerdo, mirando las fotografías en mi álbum personal.

El recorrido del arrecife hasta llegar de nuevo a la boya de buceo para iniciar el periodo de descompresión, fue un paseo increíble  por una zona que puede  considerarse como uno de los fondos más hermosos y bien conservados del Caribe por la abundancia de su fauna y por el tamaño de determinadas especies, especialmente los diversos tipos de meros tropicales que iban siguiendo con enorme curiosidad nuestros pasos.

Cuando Colón descubrió este archipiélago de 250 islotes y comentó que constituían un jardín digno de la Reina, ignoraba que el jardín que  se extendía más allá de la superficie del mar era no solo digno de la reina sino de toda la corte en pleno. Si Cristóbal Colón hubiera dispuesto de un  OPEN WATER PADI a buen seguro se habría vuelto loco ante tanta maravilla.

Bien; terminada la descompresión, nos planteamos, como en su día se preguntó Hamlet, “to be or not to be , that´s the question” que podemos traducir en términos subacuáticos en vista de los más de veinte tiburones  que esperaban alrededor de la lancha,  “salimos o no salimos esta es la cuestión”.

Pero por fin, después de consultar con nuestros guías que nos tranquilizaban pidiéndonos calma con expresivos gestos , decidimos iniciar nuestro camino de regreso hacia la superficie para subir a bordo de la lancha evidentemente algo acongojados…( o sería mejor decir “acojonados” ) y he aquí, que, con educación y buenos modos nos metemos entre los veinte o treinta escualos (¡cada vez parece que hay más!) que montan guardia especialmente alrededor de la escalera, y rogando educadamente decimos… ¿por favor nos dejan pasar?..por favor dejen paso,…déjenos salir primero, please hermano…y así, uno a uno, para no morir en el tumulto, fuimos saliendo del agua ordenadamente. En un momento determinado Ingrid se quejó de que “algo” le había rozado el culo… (nunca sabremos a ciencia cierta si fue un tiburón).

Ya por fin todos a bordo, empezó el otro “show”. Siguiendo la costumbre y como agradecimiento a que nos dejaran salir del agua sanos y salvos,se procedió a otra sesión de “feeding” dando a los tiburones que continuaban alrededor de la lancha, grandes trozos de pescado atados a una cuerda.

Ahora el espectáculo es francamente escalofriante al comprobar como los tiburones se lanzan como exhalaciones a una competición de fuerzas para conseguir capturar el cebo y esta competición da lugar a una lucha sin cuartel entre ellos que hace que el mar hierva en un auténtico frenesí de coletazos y mordiscos con unas bocas llenas de dientes que dan pavor…

Pero nosotros felices ya bordo pensamos que, por suerte, y como ha quedado demostrado en nuestra emocionante inmersión, estos pavorosas mandíbulas y afilados dientes los usarán solo para sonreír amablemente a los turistas españoles que les visitan.¡Así sea!

Debo confesar que empiezo a escribir esta nueva crónica sobre Los Jardines de la Reina con una innegable sensación de nostalgia.

Hace solo dos semanas que regresé de Cuba y no dejo de pensar en esta inolvidable experiencia dominado por una serie de emociones y sensaciones (como de diría mi buen amigo Ángel del Foro Sensaciones) que indudablemente me han impactado de lleno.

Estas crónicas “Bailando con tiburones” son hasta cierto punto como una válvula de escape, porque al relataros mis inmersiones las vuelvo a vivir, y si además contemplo las magníficas fotografías con que mi buen amigo y “guarda espaldas” Noel me obsequió, el recuerdo va acompañado con unas imágenes que me ayudan a revivir las mejores inmersiones de mi vida.

Amigos de la Web; ¿Preparados para la inmersión?… ¡ Allá vamos!

La primera inmersión del día,( hacíamos tres cada día) fue, como no, con los dueños absolutos del entorno; los tiburones. Pero en esta ocasión la experiencia fue altamente emocionante, especialmente para mí, y os explico el porqué. Fue una inmersión, como suelo decir de “alto voltaje”, aunque al recordar las incidencias de la misma debo corregir y afirmar de “ muy alto voltaje” o en inglés, para hacerlo más inquietante, “a very high voltage dive”.

Como siempre que se trataba de atraer a los tiburones, Gualberto buceó rápido hacia el fondo, situado más o menos a 30 metros de profundidad, y escondió debajo de unos corales una bolsa conteniendo abundante y sanguinolenta carnada, que con sus apetitosos efluvios atraería sin lugar a dudas a todos los escualos del entorno. Como mínimo veinte o treinta ejemplares entre dos metros y medio a tres metros de largo. ¡Toda una multitud!

A continuación el grupo al completo, Ingrid, Jordi, Noel, Gualberto y yo nos situamos cerca del “meeting point”, es decir de la carnada, para observar en primera línea, los nerviosos e inquietos movimientos de los tiburones para conseguir localizar el cebo que sabían cerca pero sin poder, de momento, precisar dónde.

Ocupé una posición que me pareció un excelente lugar de observación, y comprobé como Noel  me confirmaba con gestos que era un buen lugar… y ¡Comenzó el espectáculo!

Los tiburones que, por lo visto habían ya situado más o menos la localización de la carnada empezaron a describir el círculo ritual para situar el punto exacto… y los tiburones empezaron a dirigirse hacia mi puesto de observación pasando a muy poca distancia de mí.. a medio metro como máximo, es decir a ¡50 centímetros!

Empecé a preocuparme cuando detecté que algún tiburón  me pasaba rozando mi blanca cabellera,al mismo tiempo que algún otro me rozaba con su hocico mis bien torneadas piernas. Me pareció demasiado ¡joder!… Me venían de todas partes con decisión y claro nerviosismo y una preferencia total a mi persona.

Llegué a pensar que se debía a mi “sex appeal” personal, o quizá a un cierto homenaje a la tercera edad, pero lo cierto es que su persistencia era francamente preocupante, y como ya dije en una crónica anterior, acongojante, ( léase, acojonante).

Mis dudas se disiparon cuando vi que Noel se dirigía nadando a buen ritmo hacia mí , señalando con su dedo índice el coral que yo había escogido como puesto de observación, añadiendo otro gesto que, sin lugar a dudas, quería decir ¡comida! para seguidamente agarrándome del brazo me apartaba de mi puesto de observación preferente… Total que, sin apercibirme de ello, yo me había situado “precisamente “ en el mismísimo lugar donde Gualberto había escondido la comida, convirtiéndome por consiguiente en el individuo que les provocaba a los tiburones los irresistibles estímulos olfativos. Es decir que lo del “sex appeal” nada de nada, y si un despiste total.

Pero la aventura no termina aquí. Cuando nos retiramos del lugar de la acción,un par de tiburones atraídos por los efluvios que aun persistían impregnando mis aletas de natación de color amarillo, intentaron morderlas, y Noel tuvo que intervenir. a puñetazo limpio, para evitar que lo consiguieran.

Ingrid, que fue testigo presencial del intento me comentó “Eduardo fue emocionante, Noel tuvo que defenderte a puñetazos”

Yo no me enteré hasta salir del agua donde por cierto estaban esperando todos los participantes en la emocionante inmersión. Eché de menos un buen desodorante.

No os he hablado de Franco, (así llamaban a un enorme cocodrilo de cuatro metros de longitud que andaba entre los manglares que rodeaban las instalaciones del  hotel flotante donde nos hospedábamos). Este impresionante cocodrilo tenía por costumbre visitar por las noches el hotel y “sonreía” amablemente a los huéspedes con su descomunal dentadura.
El nombre de Franco no tiene connotaciones políticas, es decir no se refieren a “nuestro Franco” (que en paz descanse, ¡si puede!) sino que le pusieron este nombre porque coincidía con el nombre de uno de los hijos de los promotores de Los Jardines de la Reina. El niño creció y el cocodrilo también, y el cocodrilo ahora es parte integrante de las singularidades de este apasionante centro de buceo del Caribe cubano. Las visitas son desde luego interesantes e interesadas porqué en realidad el animalito acude cuando Noel, el Dive Master le llama persuasivamente y le ofrece suculentos pedazos de pollo. Es impresionante ver la rapidez y voracidad con que atrapa la comida, a pesar de que parece estar dormitando, pero evidentemente no es de fiar. Que me lo digan a mí que tengo una emocionante experiencia que afronté a orillas del rio Orinoco con un cocodrilo de cinco metros de “eslora” que estuvo a punto de atrapar mi pierna, que no era precisamente de pollo, durante el rodaje de una serie para T.V.E. concretamente “Tierras y Profundidades de Venezuela” (quizás algún día os cuente en mi BLOG mis andanzas por tierras y profundidades venezolanas).
Ya que estamos en ello os contaré que el extenso y hermoso archipiélago de los manglares de los Jardines de la Reina, con aguas mansas y transparentes que invitan al baño,están  habitadas por numerosos cocodrilos y no resulta recomendable  bañarse en ellas. Afortunadamente los cocodrilos son depredadores nocturnos y nosotros, por  lo general, tenemos la costumbre de dormir de noche.
Sin embargo Noel y Jordi Chias se aventuraron metiéndose por en medio de la espesa vegetación de manglares, de día a plena luz del sol, obteniendo maravillosos planos de este mundo complicado pero lleno de vida de los manglares y sus raíces llenas de vida y color. Esperemos ver pronto los reportajes que publicará la revista BUCEADORES  en su número del mes de Julio.
Después de bucear con los tiburones de turno (no me extiendo en el tema tiburón para que podáis descansar) desembarcamos en una maravillosa playa de arena blanquísima, bordeando uno de los numerosos islotes de manglares, y allí entramos en contacto con la “jutias” y curiosas iguanas, que acudieron “ipso facto” en cuanto pusimos pié en tierra.
Las “jutias” son unos simpáticos roedores de un tamaño más o menos como un perro mediano, pongamos unos seis o siete kilos de peso, que están tan habituadas al contacto humano, que acuden y comen de nuestra mano las frutas que les ofrecemos o bien las cogen con sus pequeñas garras como si fueran ardillas. ¡Son super simpáticas! En cuanto a las iguanas también vienen a nuestro encuentro rivalizando con las “jutias” para alimentarse gratis.
En esta playa tuve una experiencia… ¿Cómo  voy a llamarla?… triste…sorprendente… traumatizante… ¡Os lo cuento! Al desembarcar en la playa acudí a recibir a las jutias e iguanas para ofrecerles comida, y me arrodillé  en la arena para estar a nivel de los simpáticos animalitos. Era bonito comprobar con que cuidado comían para no morder la mano.
¡Y ahora viene la experiencia!… En cuanto intenté ponerme en pie pasando de la posición arrodillado a levantarme no pude hacerlo (¡). Mi musculatura no me obedecía y mis pies se hundían en la arena. Me di cuenta de que sin un punto de  apoyo firme no podría levantarme.Ingrid me estaba contemplando pero en realidad no se daba cuenta de “mi problema”, hasta que muy educadamente le pregunté; Ingrid ¿Me concedes tu mano?
Se quedó un  poco sorprendida ante mi “petición de mano”.- (Claro ella ya tiene sus compromisos)… pero le aclaré enseguida; Sabes Ingrid, ¡Es que no puedo levantarme!,- Me concedió su mano, provisionalmente, me puse en pié  y se la devolví liberándola de todo compromiso formal.
¿Qué es lo que me ocurrió? Pues ni más ni menos que la musculatura de mis piernas, que por cierto llevo usando..y abusando de ellas hace ya más de 86 años ..(y medio) se negó en este preciso momento a trabajar como era su obligación.
Total una experiencia, ni triste ni traumatizante, simplemente un aviso, algo así como “Eduardo, que tu fecha de caducidad se acerca ¿Vale?”

Para compensar este “aviso” he aquí que en cuando ya estábamos de regreso en el hotel flotante TORTUGA y ya en mi camarote, me miraba cariñosamente mi cama para sumergirme en ella y descansar, llega JORDI, el incansable Jordi Chias, aporreando la puerta y me dice  gritando entusiasmado, “Eduardo, tiburón ballena a la vista, baja rápido que salimos de nuevo para intentar localizarlo “… Y bajé rápido, corriendo, embarque salimos a todo gas y …

Todo ello después de tres inmersiones y de mi traumatizante experiencia de no poder levantarme de la arena… como os decía, bajé corriendo la peligrosa escalera de gato, recogí mis gafas tubo y pies de pato embarqué en la lancha y salimos a todo gas a por el tiburón ballena.

En mi vida había visto un tiburón ballena, como no sea en impresionantes fotografías tomadas en las islas Maldivas, en  el Mar Rojo o en pleno océano,.. ¡qué sé yo! Por consiguiente  la posibilidad de verlo personalmente en vivo y en directo me impresionó y me animó lo suficiente para que mi cansancio por las tres inmersiones diarias,mi stress por las consabidas experiencias con los tiburones, (los veíamos cada día, y cada día se repetía la salida súper emocionante del agua por la escalerilla de la lancha rodeado por ellos  y con la emoción de no saber quién le tocaba el culo a quien en el momento de salir del agua ¡)… Como os decía todo olvidado ante la posibilidad  de ver por primera vez en mi vida, un tiburón ballena.

Noel y Gualberto, nuestros amigos y guías nos dieron instrucciones de cómo debíamos actuar si realmente lo localizábamos.

1º – Si nos podíamos acercar mucho al animal, mantener una distancia prudencial pero no tocarlo para no provocarles alarma ya que en este caso podrían desaparecer en aguas más profundas.

2º – Si lo tuviéramos muy cerca evitar que con su poderosa cola nos golpeara, porqué aun  que lo hicieran “amistosamente” son un poco “bestias” y podríamos salir lesionados

3º - Suelen ir acompañados de algunos tiburones de aguas profundas a los que no debíamos perder de vista…..

Las instrucciones de los guías quedaron interrumpidas por un poderoso grito de Noel exclamando ¡Ahí está! Señalando  una zona del mar, por cierto en total calma, que parece hervir  de peces que saltan en le superficie para intentar huir de la poderosa y gigantesca boca del tiburón ballena que precisamente se alimenta de ellos.

Aunque aún no localizamos visualmente al tiburón,sabíamos perfectamente que está allí  a muy poca profundidad tragándose ávidamente los pececillos a millares.

Nos acercamos a poca velocidad y Noel nos da el aviso ¡al agua patos!

Desde luego no fui el primero en lanzarme al agua, más  bien fui el último, pero mira por donde, fui a parar prácticamente ante la enorme boca del animal, y tuve que realizar una rápida maniobra para situarme fuera del alcance de la enorme boca, no fuere a tragárseme como aperitivo, y pude situarme a un lado del tiburón ballena a una distancia de poco más de un metro viendo pasar a mi lado su estilizado y LARGOOOO… cuerpo.

Ver al tiburón ballena tan cerca me impresionó pero el mismo tiempo me tranquilizó, y disfruté contemplando su cuerpo con su clásica piel moteada con lunares oscuros, y sus  impresionantes aletas pectorales moviéndose rítmica y pausadamente, y pensé; después de sesenta y pico de años de bucear ya me toca ver este maravilloso ejemplar de animal marino de enorme cuerpo ( aproximadamente de 8 a 10 metros de longitud), y disfruté a fondo hasta darme cuenta de que estaba justo en el campo de acción de su enorme aleta caudal, y recordando las instrucciones de Noel, me aparté prudentemente dando marcha atrás eficientemente evitando un posible coletazo. Sentí perfectamente la poderosa ondas de presión creada por el movimiento de su cola.

Jordi Chias consiguió buenas imágenes con su cámara digital, y yo las conseguí también con mi cámara personal, grabándolas en mi cerebro, y así ahora después de ya mucho tiempo, puedo visionarlas nuevamente simplemente cerrando mi ojos y evocando aquellas extraordinarias vivencias en los inolvidables  Jardines de la Reina, vivencias que se suman a mis  muchas experiencias submarinas, que en su día, cuando sea ya mayorcito  podré contar a mis nietos y, quien sabe, también a mis bisnietos cuando me vea obligado a dejar mis actividades subacuáticas… pero así y todo, cuando este día llegue siempre me quedará el consuelo de exclamar “ Esto se acabó pero que me quiten lo bailao¨.

www.eadmetlla.com


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